Era un cálida primavera, Eloísa una niña de 7 años se levantaba a desayunar. “Come la rebanada de pan que te deje y en el refrigerador esta la leche” Decía una nota que le había dejado su madre sobre la mesa. Eloísa estaba toda la mañana y tarde sola, su madre trabajaba todo el día y ella ayudaba con los labores de la casa. No estudiaba puesto que su madre no tenía el dinero suficiente para llevarla a la escuela. No tenía hermanos ni papá. Estaba completamente sola en su casa hasta que llegaba su mamá.
Una mañana su madre la levanto con un gran beso y un abrazo y le dijo:
-Mi amor, ya vas a cumplir 8 años, ¿qué es lo que quieres que te regale?-. Eloísa se quedo pensando, se imagino todo lo que quería y lo que necesitaba y después de un momento le contesto a la madre: -¡Quiero un hermanito!-. La niña ya no soportaba estar sola, realmente anhelaba un hermanito que le hiciera compañía. La mamá suspiro, sabía que no podía darle eso puesto que su presupuesto económico apenas alcanzaba para ella y su única hija. Pero en ese momento se le ocurrió una idea y le sonrió a su hija.
Llego el día de su cumpleaños, Eloísa bajó desesperadamente las escaleras para ver si la mamá había cumplido lo que le prometió, entonces ve sobre la mesa una gran caja con un moño rosa. Rápidamente supo que era un bebé, puesto que la caja era grande, o más bien dicho, lo suficiente grande para tener un hermanito adentro. Cuando abrió la caja sus ojos se abrieron de impresión, ¡no era un humano! ¡Era un hermanito pato! Estaba confundida, no sabia si enojarse porque no era lo que realmente quería, pero la ternura le gano y no pudo aguantar las ganas de abrazarlo, era un patito bebé tan lindo. Esa tarde no terminaron de jugar en el campo, el pato muy apenas podía caminar puesto que era un bebé, así que la mayoría del tiempo Eloísa lo cargaba y lo subía a un columpio. Esa noche cuando llego su madre, Eloísa la abrazo fuertemente y agradeció por el maravilloso regalo. Después subió con su nuevo hermanito a su cuarto porque era hora de dormir. La niña había preparado ya una camita pequeña junto a la suya para que ahí durmiera su hermano. Todas las mañanas cuando los dos despertaban, bajaban a desayunar y ahora la nota que su madre siempre le dejaba en la mesa era diferente: “Mis niños, desayunen bien, para ti Eloísa deje fruta cortada y para ti pato, tu comida esta junto a la estufa.” La niña nunca fue tan feliz con ese ser viviendo en su casa. Ya no se sentía sola y en las noches eran aún mejor porque la mamá, el pato y ella se sentaban los tres en la sala a ver la televisión.
Paso el tiempo y el pato comenzó a crecer, ya no le gustaba estar en la casa, lloraba porque quería estar afuera. La madre estaba mortificada porque sabía que tendría que irse pero estaba consiente que eso rompería el corazón de su hija. El pato se deprimió del encierro y fue entonces cuando la madre hablo con su hija y le dijo: -Hija, ese patito extraña a su familia, necesita estar en su ambiente natural.- Eloísa estaba confundida y le contestó: -Pero a que te refieres mamá, el patito es mi hermano como puede extrañar a su familia si nosotras somos su familia-. –Pero ve como esta amor, ya no corre ni grita. No le gusta estar encerrado.- -Pues yo lo sacaré más tiempo y pasaré todas las tardes con el jugando en el campo-. Despues de haber dicho esto, Eloísa corrió a donde estaba su pato y lo saco a jugar.
Llego el invierno, en donde vivían los inviernos eran muy fríos, tan fríos que muy apenas se podía salir a jugar por toda la nieve. Una mañana cuando Eloísa dormía, el pato se levantó y se salió por la puerta de la cocina, huyo de la casa y se fue al estanque que estaba a unos cuantos metros de la casa de Eloísa. Cuando la niña despertó y vio que su hermano pato no se encontraba en la cama, se alarmo, y bajo las escaleras para buscarlo. Busco por todos lados de su casa y de pronto vio que la puerta de la cocina estaba abierta, salió desesperadamente y le grito mil veces, camino y camino sin encontrarlo, hasta que llego al aquel estanque. Vio a lo lejos que estaba su hermanito y le hablo para que fuera con ella, pero era inútil puesto que el pato no le hacia caso alguno. Entonces Eloísa comenzó a acercarse a el, camino sobre el estanque, ya que estaba congelado por el frío, pero el hielo estaba muy delgado. Caminaba con cuidado y despacio, no quería que se rompiera aquella agua congelada, pero el intento fue en vano puesto que al dar otro paso el hielo se rompió e hizo que la niña cayera al agua helada. El pato reacciono ante la situación y bajo a buscar a su hermana. Para el fue muy difícil sacarla del estanque ya que un pato no tenía la suficiente fuerza para cargar a una niña de 8 años. Pero después de un rato la rescato y la llevo a la orilla. Pero ya era demasiado tarde, la niña había muerto. El pato intentó darle calor abrazándola con sus grandes y cálidas plumas pero fue inútil. Aquella niña jamás despertó.
Apartir de ese día el hermano pato jamás fue a casa. Solo regresaba cuando era invierno y no salía de su hogar. Sabía que si aquel invierno no se hubiera salido, su hermanita hubiera estado aún con el.
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